GOLPES EN LA CABEZA, ¿QUÉ HACER? ¿CUÁNDO PREOCUPARNOS?

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | marzo 10th, 2020

Joaquín Sabina minutos antes de su caida en el escenario. EFE

El Doctor Luis Ley, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurocirugía nos habla de los peligros de los traumatismos craneoencefálicos.

En estos últimos días ha habido varias noticias relacionadas con personajes públicos que han sufrido golpes en la cabeza (traumatismos craneoencefálicos) y que han tenido diferentes desenlaces, unos necesitando ser intervenidos, algunos con desenlaces fatales y otros con recuperaciones completas.

Estos hechos acompañados a la alta frecuencia de este tipo de traumatismos son los que provocan que sean un motivo de preocupación y causa frecuente de acudir al médico.

Intentaremos explicar de una manera simple y clara los criterios de gravedad y las maneras de actuar, sin que pretenda ser un protocolo clínico de obligado cumplimiento, sino una ayuda a las personas que puedan sufrir o presenciar este tipo de lesiones.

En general se puede decir que un golpe en la cabeza es tan grave como sea de grave la situación del paciente tras el golpe, aunque también hay que tener en cuenta características del golpe; la violencia del mismo, ya que evidentemente no es lo mismo darse un golpe con una puerta que un traumatismo a alta velocidad en un coche, la edad del paciente (en niños y ancianos hay otros criterios de gravedad); las características propias del accidentado (si toma medicación para anticoagular la sangre, está intoxicado por ingesta de alcohol u otras drogas, tiene antecedentes de cirugía craneal).
De esta manera se consideran leves los golpes de baja energía, que no se acompañen de pérdida de conciencia y en los que no se aprecien alteraciones neurológicas (el paciente está despierto, consciente, orientado, habla bien…) y sólo precisan valoración médica si se acompañan de una herida, que además suele sangrar abundantemente.
Pero hay una serie de factores que modifican esta gravedad. El más importante posiblemente es la toma de medicación anticoagulante o antiagregante. El número de personas que está en tratamiento con este tipo de medicación es cada vez más elevado y aumenta la gravedad de cualquier golpe, dada la evidente mayor posibilidad de sangrado en estos casos. Es preciso mantener a estos pacientes bajo observación, dada la posibilidad de que aparezcan hemorragias internas diferidas incluso tras golpes que se consideran menores.
Otros criterios de gravedad y que obligan a mantener en observación a estos pacientes es la ingesta de drogas que puedan afectar el estado neurológico del paciente y que pueden enmascarar o agravar una lesión cerebral.
En niños pequeños debe alarmarnos el cambio en la “vitalidad” del niño: si tras un golpe el niño deja de jugar, se muestra apático, no llora o sólo gimotea, rechaza la alimentación, “lo vemos raro” es motivo para consultar al médico. Mientras un niño juegue y se ría hay pocas razones para preocuparnos.
Es normal tras un golpe en la cabeza, si ha sido suficientemente violento, tender al reposo, tener dolor de cabeza, estar inapetente, que son actitudes que pueden alarmarnos, pero que son normales siempre que quien ha recibido el golpe mejore en las siguientes horas.
Vigilar la evolución de estos pacientes es importante, y lo que hay que vigilar es que si se queda dormido sea posible despertarlo, responda correctamente, esté orientado y comprobar que mejora progresivamente. No hay que hacer pruebas muy complejas y si el paciente mantiene un gran dolor de cabeza, está tendente al sueño, presenta náuseas o vómitos y por supuesto si se desorienta, habla mal o tiene problemas para moverse, es razón suficiente para acudir al médico.

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