Alzheimer y estimulación cortical.

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | septiembre 21st, 2020

Rebeca Conde de la Sociedad Española de Neurocirugía, nos habla sobre los nuevos retos de la neurocirugía el Día Mundial del Alzheimer. 

 

El Alzheimer es la forma más común de demencia, un término general que se aplica a la pérdida de memoria y otras habilidades cognitivas que interfieren con la vida cotidiana.

La enfermedad de Alzheimer (EA) es responsable de entre un 60 y un 80 por ciento de los casos de demencia. El Alzheimer no es una característica normal del envejecimiento. El factor de riesgo conocido más importante es el aumento de la edad, y la mayoría de las personas con Alzheimer son mayores de 65 años. Pero el Alzheimer no es solo una enfermedad de la vejez.

Aproximadamente 200.000 estadounidenses menores de 65 años tienen enfermedad de Alzheimer de inicio precoz (también conocida como Alzheimer de inicio temprano).

La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por atrofia neuronal, pérdida de sinapsis y acumulación anormal de placas difusas y neuríticas y marañas neurofibrilares. Estos cambios patológicos comienzan principalmente en las estructuras límbicas del lóbulo temporal medial (por ejemplo, corteza entorrinal, hipocampo) y luego avanzan hacia las cortezas de asociación de los lóbulos frontales, temporales y parietales.

La principal manifestación clínica de es un síndrome de demencia global progresiva que generalmente comienza en la tercera edad (por ejemplo, entre los 60 y los 70 años).

Habitualmente, el síndrome de demencia se caracteriza por una pronunciada amnesia con déficits adicionales en el lenguaje y el conocimiento semántico (es decir, afasia y agnosia), en el razonamiento abstracto, en las funciones “ejecutivas”, en la atención y en las capacidades construccionales (es decir, apraxia) y visoespaciales. Estos déficits cognitivos y la declinación en las funciones diarias que producen son las características principales del síndrome de demencia causado por la enfermedad. Las pruebas neuropsicológicas que revelan este patrón de déficits son muy eficaces para diferenciar la EA temprana del envejecimiento normal.

Hasta ahora, desde la Neurocirugía no podíamos ofrecer un tratamiento para la enfermedad de Alzheimer, pero se están comenzando estudios de la posible utilidad de la estimulación cerebral profunda en su tratamiento.

En la actualidad se acepta ampliamente que los cambios neurodegenerativos de EA comienzan mucho antes de que las manifestaciones clínicas de la enfermedad se tornen evidentes. Dado que los cambios patológicos de EA se acumulan gradualmente, finalmente se alcanza el umbral de comienzo de los síntomas clínicos de la enfermedad. Una vez que se cruza este umbral, los déficits cognitivos asociados con EA se hacen evidentes y gradualmente empeoran simultáneamente con la neurodegeneración continua.

 

Hasta ahora, desde la Neurocirugía no podíamos ofrecer un tratamiento para la enfermedad de Alzheimer, pero se están comenzando estudios de la posible utilidad de la estimulación cerebral profunda en su tratamiento.

La estimulación cerebral profunda consiste en implantar unos electrodos en una estructura concreta del cerebro, conectados a un generador interno de impulsos (batería) con el fin de producir una estimulación de alta frecuencia que modifique el funcionamiento de unas vías neuronales con el fin de mejorar unos síntomas concretos de alguna patología neurológica, ampliamente empleada en el tratamiento de la enfermedad de Parkisnon y otros trastornos del movimiento.

Hasta ahora se ha empleado en muy pocos pacientes, y aún no hay una evidencia científica para considerarla una opción de tratamiento.
El Dr Andres Lozano, eminente neurocirujano funcional ,que trabaja en en Toronto, es uno de los referentes en la estimulación cerebral profunda, y esta realizando un estudio con pacientes con Alzheimer que ha mostrado resultados muy prometedores, en los pacientes no solo se evidencia una mejoría clínica, si no que la atrofia que estos pacientes tenían a nivel del hipocampo se reduce y dicha estructura incrementa su tamaño, y algo importante es que tiene mayor beneficio si se realiza en etapas más tempranas de la enfermedad.

Dado el amplio número de personas afectadas por esta enfermedad y la repercusión que el Alzheimer produce en la vida del paciente y en la de sus familiares, si este tratamiento confirmara su eficacia, sería un gran avance en el campo de la neurociencia.

 

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